La producción intelectual

Por Manuel Tiberio Bermúdez

Todo producto elaborado por el hombre requiere del uso de de las capacidades de su mente. El trabajo más humilde y también el más complejo, es el resultado de un ejercicio intelectual, es decir, relativo a la capacidad que, “ese simio erguido”, que somos los seres humanos, tenemos para comprender y razonar.

Pongamos por ejemplo: hacer una fotografía precisa de un complejo proceso mental en el que el fotógrafo experimentado, en su cerebro y en fracciones de segundo, hace mediciones de luz, determina el encuadre del motivo, busca el mejor ángulo de toma, selecciona el diafragma que utilizará en su cámara, calcula la velocidad de obturación, observa el fondo que quedará en la foto, decide si usa o no una herramienta llamada trípode, razona si necesita el uso de un flash , le pide al personaje, en caso del modelaje, que adopte una actitud favorecedora, usa su ojo para mirar por el visor, compone, y finalmente dispara cuando considera, con base en su conocimiento, que todos esos factores enumerados se cumplen. El resultado: un producto estéticamente atractivo que ha requerido de amplio conocimiento, de un largo proceso de aprendizaje, de un elaborado y rápido razonamiento para entregar un satisfactorio producto final.

Pienso que sólo hay oficios diversos, pero que requieren de unos procesos cognoscitivos ejercitados durante largas jornadas de aprendizaje. Pongamos otro ejemplo. Un abogado cuyo nombre deriva del latín “advocatus” o llamado en auxilio, es decir, un experto en derecho que estudia una causa y propone una resolución determinada. También emplea las capacidades de su mente, realiza un ejercicio intelectual con base en códigos, conocimientos jurídicos, análisis de situaciones, formulas legales, para ofrecer una solución ante un problema o duda y finalmente emite un juicio para favorecer a su cliente que puede ser un individuo o una organización.

La producción intelectual es, en definitiva, la capacidad humana para provocar un resultado mediante el uso de procesos de información y experiencias acumuladas utilizando herramientas del conocimiento.

El ser intelectual no exige necesariamente haber tenido una educación formal, pero sí, es una condición, tener los conocimientos necesarios y usar el intelecto para realizar un trabajo de la mejor manera posible.

El abogado tendrá la satisfacción de haber resuelto el caso a favor de su cliente. El fotógrafo la de haber provocado una reacción en quien mire su fotografía. En ambos casos el resultado final será el producto de eso que se llama “producción intelectual” y que, quiéranlo o no, es común a cualquier oficio por modesto o por complejo que parezca.

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