La entrevista más corta de mi vida...


Por Manuel Tiberio Bermúdez

…se la hice al poeta Jotamario Arbeláez, hace pocos días en la ciudad de Cali.
Quería hablar con el recientemente laureado vate nadaista, ganador de la II Edición del Premio Internacional de Poesía, Víctor Valera Mora, y de paso mirar su rostro a ver qué cara pone uno cuando se echa al bolsillo la no despreciable suma de 100 mil dólares que venían adornando la distinción.

Le busqué en la Biblioteca Departamental, donde estaba programado un encuentro de poetas y al que José Mario Arbeláez Ramos (Jotamario), fue invitado. Pasadas las siete de la noche, el viento caleño y la buseta contratada por los organizadores del evento, lo pusieron en la puerta de la Biblioteca. Saludó a quienes nos atravesamos en su camino con la mano extendida, ansiosos de mostrarle nuestro respeto y admiración y sin saber cómo llamarlo ahora que ya no era nuestro “Jota” de siempre sino un nuevo millonario colombiano.

Con Jota, ya habíamos compartido otros espacios durante las varias ocasiones que nos ha acompañado al Encuentro Nacional e Internacional de Escritores por la Paz de Colombia que con orgullo realizamos bianualmente en Caicedonia unos loquitos soñadores que aún creemos en el poder de la palabra. En esas noches pueblerinas nos hemos deleitado con el sarcasmo de sus poemas, hemos disfrutado sus locuras, fuimos testigos de su ingenio y su talento y aprendimos a apreciar su trasegar por la palabra en tinta y en verso.

Le pedí unos minutos para unas cuantas preguntas y me dijo “si” con un ademan de su cabeza, mientras despachaba un “pan cacho” y un refresco. Sin limpiar aún su bigote, como si fuera una corrida de palabras, le solté la primera de la noche. Me miro y dijo: “hermano, tengo que hacer algo urgente para una puesta en escena que haré en la lectura que voy a dar” y sin darme tiempo de nada hizo mutis tras una cortina.
Como traía una pañoleta atada a su cabeza que le daba un aire de harlista sin moto una señora que estaba a mi lado dijo: “Ay, esa pinta del poeta…con ese pañuelo en la cabeza”. Aproveche la ocasión y le dije: ¿Y es que usted no sabe, señora? La mujer me miro con expresión de “No, no sé”. Entonces para causar la envidia de los que les da envidia y aprovechando la cara de chismosa de la dama que regaría el cuento por toda la ciudad, le dije lo más serio que pude: “Señora, desde que Jotamario se ganó el premio de poesía en Venezuela, y de paso cien mil dólares, ya llega a todos los recitales en moto”

…y sin darme tiempo para ver el efecto de mi respuesta, salí a la noche caleña en busca de tema para escribir la próxima columna.

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