Los pobres más ricos de New York



Por Manuel Tiberio Bermúdez



"Soy un poeta y eso es lo confesable
porque adentro llevo un bandido sin retirar"

Estos versos definen el ayer y el hoy de un hombre que se llama Ricardo León Peña Villa. Un poeta que camina las calles de New York, pregonando el amor y practicándolo por intermedio de una poesía que ya tiene reconocimiento entre los críticos y poetas de La Gran Manzana.

Ricardo o "el poeta" como se le conoce, es un colombiano quien desde 1990 está radicado en la Capital del Mundo. Su vida está llena de historias y él mismo es una historia que camina por las calles de la ciudad que nunca duerme.

Su estadía en la ciudad de los rascacielos, esta ligada a lo que siempre ha sido: un squatter u okupa, es decir un ocupante ilegal que luego de muchas batallas: jurídicas, y contra la policía, contra la naturaleza y contra las leyes de la ciudad, hoy en día es propietario de un apartamento en Manhattan el corazón de la ciudad de New York.

Autor de varios libros de poemas "La poesía como recurso a la soledad en New York"; "Tigre de Aries"; "Treinta y Tres"; "Decir New York Testigo Propio" y el más reciente, un libro de cuentos que llamó: "Loisaida, historias del frió".


La historia de una casa con historia

El edificio en donde vive Ricardo fue bautizado como "Umbrella House" y estos son las reflexiones que el poeta tiene de lo que para él significa el lugar:

"Umbrella House es mi casa. Uno de 44 edificios tomados desde el abandono en el East Village de Manhattan, una revolución-evolución social-cultural en la isla del capitalismo".

"Casa viva que cada 24 de mayo adorno con sombrillas pintadas para celebrar nuestra casa, mi llegada al barrio y la memoria de Bimbo Rivas, poeta nuyorican que murió esa fecha. Ya he puesto esa instalación por once años y es otra forma de darle sorpresa y amor a los transeúntes, al barrio".

Pero ese edificio tiene una historia. Una historia que comienza en los años 80 y que Ricardo rememora así: "Y tengo una historia de la historia: a principios de los años 80, un domingo de esos que uno no se baña, vi en la televisión una película de unos jóvenes artistas que se toman un edificio, lo reconstruyen y al final, muestran su espectáculo. Y yo me decía 'yo podría estar allí, ser parte de ellos...' pero era ilusión de película. Resulta que diez años después, estaba haciendo lo visto en aquella película con otros artistas colombianos y gentes de muchos países unidos en una causa que era y aun es, un techo. Y no exactamente un edificio, no, todo un barrio, 44 edificios y 32 lotes de basuras que se convirtieron en jardines y parques comunitarios, la gente por la gente, resolviendo, acción, acción, confrontando el establecimiento en pos de una solución. De los 44 perdimos 31 en batallas cámpales con la policía, los políticos, los constructores y todos los poderes contra un grupo de artistas, familias y estudiantes. Venían con tanques, helicópteros, perros y mil azules y desde los techos llovían meaos y heces. De los restantes edificios, a 11 nos legalizaron, 2 edificios quisieron seguir en la anarquía punkera; es decir, nos dieron los edificios en propiedad y eso es vencer. Toda una historia viva que estoy escribiendo en una novela llamada Umbrella House. ¿Y qué significa? La vida, los sueños, la poesía y por ende, de nuevo la vida".

Para cuando conocí el edificio en 2005 aún sus ocupantes no tenían el beneficio de la calefacción pero eran y siguen siendo felices habitándolo. Así que uno se imagina que cuando años atrás los ocuparon las condiciones para vivir eran mas difíciles.

"No se puede olvidar el frío que pasamos en esos años, menos 25 grados bajo cero sin ventanas ni calefacción, ni pisos, ni agua, ni luz; pero guiados por la terquedad y la necesidad de tener un techo, nos hacía fuertes".

"Este edificio, ha sido nuestra casa desde cuando lo tomamos sin ventanas, sin pisos, sin techos, sin agua y sin luz, y sólo con la terquedad que tenemos los soñadores. Fueron años donde liberamos el furor y las ganas de abrirnos espacio, de encontrar soluciones donde la ciudad tenía problemas. El East Village era un panorama desolado tipo post guerra, pleno de heroína y tekatos, bandidos, prostitutas y gritos de "la jaraa…" refiriéndose a las esporádicas apariciones de la policía y en advertencia de la jugada de calle".
"Hoy es el barrio más deseado del mundo, yo le llamo el pequeño Hollywood, pues toda esa gente de la farándula, los aspirantes a estrellas, las modelos huesudas de portadas famosas y en fin, esas luminarias que veo sin bañar por la mañanas desayunando a una mesa de distancia, han encarecido el barrio que se ha llenado de bares donde se vive Sodoma y el placer. Lo mismo pasó en el West Village, en SOHO. La gente venía a los barrios donde viven los artistas porque es la movida con libertad, pero a los artistas les toca irse porque todo se encarece de tal forma que cambia la armonía y el estatus para que lleguen los más pudientes y eso en Norteamérica se llama gentrification, o sea, resociabilización de sectores en decadencia. Cuando nuestro movimiento empezó, este era un barrio de heroína por montones y tekatos congelados en escena con la aguja aun pegada a la piel rota, prostitutas para todos los malos gustos y malos ratos, tiroteos y azarosos personajes. Una historia donde nosotros encontramos soluciones donde la ciudad tenía problemas".

"Después de la legalización de nuestros edificios, viene la batalla final con los bancos que ahora generosos nos ofrecen sus cuentas en prestamos, pero bien sabemos las intenciones del lobo y debemos de tener cuidado. Nos merecemos estos espacios pues pagamos precios que no son en cash. Pagamos en frío, en reconstrucción, en hambre, en lucha, a la vez que nos construíamos como personas en nuestros oficios que hoy ejercemos y es proceso que aun no termina".

Umbrella es hogar, laboratorio, lugar de encuentro y despedidas, sitio de reunión de muchos artistas e intelectuales en New York, es también centro desde donde se jalonan procesos culturales para los latinos en esa ciudad de las mil propuestas. Ricardo es un "provocador" de hechos culturales que él resume así:

"Desde que llegué a New York, venía incitado a encontrar el ghetto de los artistas, no quedarme en Jackson Heights que es como estar en un pueblo de Latinoamérica con avisos en inglés. Yo quería el underground, la vanguardia, la acción. Y así encontré a un grupo de colombianos que vivían en el Bajo Manhattan en los edificios tomados y esa era mi búsqueda hallada. Desde ese año 92 me di con todo a producir eventos de arte en diferentes formas, sin un peso pero con la intención de que es la historia que se hace. Exposiciones colectivas donde destaco haber producido con Juan Salazar, escultor, poeta y pintor, el 'Primer Salón de Arte Joven', exposiciones individuales, el festival de cine colombiano en la Primera y Tercera versión, 'Puerta 10' que fue un movimiento de vanguardia, hacía la revista de poesía La ñ, en fin, ni dormía, acumulaba sueño para la muerte y además, respaldar la lucha social y a la vez, hacer mi trabajo personal, mi camino, mi historia". "Por esta casa ha pasado medio mundo, hemos gestado acciones desde el delirio en pos de ser felices en la acción histórica y así justificamos la vida. Mi casa esta viva y ya tendré tiempo en la muerte para quedarme quieto".

Ricardo ha vivido 16 años en el exilio, siempre en New York aprendiendo y enseñando por medio de la palabra que es su mejor herramienta para la vida. Pero no se siente un exiliado.

"He jugado con la palabra exilio y en mi significancia quiere decir, que fue hijo (suprimiendo la efe posterior al ex). Yo no me vine huyendo, yo vine porque New York era la mitad del sueño que tuve desde niño, no por el capital-istmo, sino por ser esa ciudad donde todo pasa, desde donde llegaban los juguetes de mi infancia que enviaban los tíos y a medida que fui creciendo sólo New York se medía a París, mi otro sueño".

"El irse del origen a voluntad es tener ganas de mundo, y claro, siendo escritor en formación, el mundo me ha dado mucho, empezando por la otra lengua que me abre el mundo en otra comprensión, el inglés. Ahora soy un Newyorker que tiene el mundo a un avión de distancia. Además en New York somos colombianos y en Colombia somos de New York. En Colombia no tienen espacio para aquellos que no hemos ido al mundo, hay desprecio y abismos en la aceptación de que quienes nos fuimos, somos el país que crece más allá del mapa y al irnos, los señores y señoras que manejan los oficios del arte, acomodan la historia a su manera y solo al final, cuando los artistas son más conocidos en el exterior que en el origen, rasgan vestiduras".

"Con esa intención de volver quienes nos hemos ido, el pasado noviembre se llevó a cabo la Primera Semana Neoyorkina en Medellín, un volver de los que nos hemos ido. Esta vez fue sólo con poetas y escritores, pero en un año, iremos a Colombia muchos artistas que queremos mostrar lo que hemos crecido en la lejanía y compartirlo con los de la tierra de nuestro origen".

"En lo personal, voy haciendo mi trabajo y dejando huellas. Este medio sigue siendo hostil y no hay una estructura para promocionar a los talentos que no sean farándula. Las artes y sus ejecutantes siguen siendo incógnitos en la sociedad y en estos tiempos modernos, el artista ha de ser su propio productor, hacer la obra, mostrarse, construir un nombre y además venderse, hasta que le llegue la hora en que los lobos que manejan los hilos del arte, lo llamen para pagarle con miseria su trabajo. Pero nunca fue fácil y aquí vamos".

Algún significado tendrá para Ricardo su patria en lejanía, algún afecto navegara su sangre y su alma aunque uno podría pensar que será "forastero" cuando su corazón le dicte el retorno, la vuelta a desandar la vida anterior y los recuerdos.

"Colombia es un paraíso con mil guerras al que amo. Allá quedó mi ombligo y 27 años intensos, muy intensos. Y siempre quiero volver a compartir mi trabajo, a abrazar a los amigos, los intelectuales y los de la infancia que siguen envejeciendo en la esquina. Yo vivo con los dos pies aquí, aquí es mi vida y si un día decido regresar, pondré los dos pies allá, pero ¿a qué volver? si sería como volver a empezar la vida y no creo que esté listo para soportar desprecios de los dictadores de la cultura en Colombia, cuando tengo tanto para dar en experiencia. Pero cuando voy cada vez, hago cosas con la gente que esta convencida que el ego no ha de ser más grande que la obra, sino que quieren hacer y nos permiten volver en bella acogida a quienes de cuando en cuando sentimos el sur y su ausencia".

El poeta habla de su pertenencia al grupo de los amorosos, es su religión, incita a dar amor para el mundo, si no lo es, al menos parezca mejor. Esta convencido que crece el número de los asociados en esta época del simplismo y de la adoración a los becerros de oro de la modernidad.

"En estos tiempos de guerreros y catástrofes humanas, con tantos líderes enloquecidos de poder y con el, de la inmensa informática que nos llena de horror repitiendo noticias de acaboses inacabables, esas alertas de amarillo a rojo con que nos intimidan y siempre somos más los que queremos paz. Desde el soldado que está en Irak contra su voluntad pero que debe un préstamo que le hiciera el gobierno para los estudios universitarios, hasta el ama de casa, el estudiante, los artistas, 'Pablo pueblo' y un etcétera de gente que no entiende la razón y el dolor de las guerras".

"Es tiempo de aquellos que creemos en ese espectro de socialismo amoroso que nos lleva a tender la mano, a conciliar, a no dejarnos derrotar individualmente, humanistas modernos tan necesarios, de ahí la utilidad de los poetas en estos tiempos. La gente va comprendiendo que somos más los amorosos, los pacíficos y pacifistas, cada uno es un amoroso, de ahí venimos después de dar la vuelta por el dolor propio o ajeno y trae más aliciente que ser escéptico o guerrero o guerrerista. Los amorosos somos más y así cada uno va aliviando su propio universo, y si lo comparte, crece en su espíritu. Al fin y al cabo del amor venimos a la vida".

Su quehacer de poeta ya tiene gran reconocimiento en New York. Innumerables recitales, presencia continua en los escenarios de la palabra le han permitido ganarse el respeto y el reconocimiento. "Mi esencia es la poesía, al hablar, al vivir, al sentir y cuando me paro enfrente de uno o de cien, eso es lo que más gusta hacer y además ese es mi apodo y me gusta, si al doctor le dicen doctor por lo que sabe hacer, a mí igual".

Consumidor de Coca-cola más allá del exceso, mientras apura un sorbo habla de sus gustos:

¿Agua o Coca-cola?

Agua para quitarme el sabor de coca cola de la boca, ese embale azucarado que me gusta tanto, después del whisky.

¿Marlboro o yerba santa?

Marlboro para mi mano izquierda fumadora y para justificar las ansiedades, la tos y las puertas de los bares en New York. La yerba para el placer de la vida, el dolor de mi espalda y la delirancia que tanto me gusta.

¿Amor o soledad?

Amor con soledades y soledades con amor.

¿Colombia o New York?

New York porque aun no es mía del todo y Colombia porque siempre llevo lo que tengo al volver, es mi querencia, pero ya soy del mundo, lo digo yo que nací huyendo, fugado.

¿El libro que le acompaña en estos días?

'La Llama Doble' de Octavio Paz. Es un libro para dormir con el entre mi amante y yo y esperar despertar para seguir leyendo y amando, a la mujer y a la vida.

No es pose para ganar lisonjas, no es actitud para recibir aplausos, es el convencimiento desde su interioridad que lo mueve a ser un hombre que siembra y comparte el amor.

Ricardo León Peña Villa deja constancia de su paso por la gran ciudad de los rascacielos: "Digan cuando muera/ que New York fue mío, / Dejo la razón porque mientras lo vivo lo digo, lo siento/…."Digo y digan, que hice la revolución /desde el amor, desde la acción, desde el abrazo/ desde el perro mas humano, Tango (y hablo por él)/ desde la sonrisa a solas cuando pienso en mis amigos/ y sus delirios vivos.

El poeta recuerda lo que es y su pasado que queda diluido por los logros en la ciudad que ama y vive y en donde ha conseguido varios premios de periodismo -cuatro para ser exactos- pero no borrado totalmente: "Soy hijo de una patria/ que ni siquiera lo sabe/ y de la cual cargo su nombre/como apodo en el exilio. / soy un poeta/ y eso es lo confesable/ porque adentro/ llevo un bandido…sin retirar/.



Comentarios

  1. Anónimo1:34 p.m.

    Hermano del alma; es supremamente agradable leer historias que han sido contadas con anterioridad por el mismo protagonista, en una noche de bohemia e inspiracion, Y quien mas que tu para ponerle ese sazon tan especial que nos transporta al alma misma del Poeta. Abrazos a ti y a Ricardo. Yango

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