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20 de mayo de 2009

Se nos fue Benedetti




Por Manuel Tiberio Bermúdez

Foto tomada de la web

Se nos fue Benedetti, el poeta, el novelista, el contestatario que nos azuzaba el alma desde sus versos libres y sus líneas hechas de ternura. Muchos de sus poemas se volvieron canciones que corean aun miles de gargantas, muchos de sus poemas caminan los senderos del no olvido y se vuelven compañía de noches en los que la mágica alquimia del alcohol nos trasmuta el alma.

Los poemas en su voz, gracias a la modernidad de los artilugios que nos guardan en pedazos: en tinta, en imagen estática, en imagen en movimiento, en voz, nos concilian con la vida. Parece un padre amoroso dando consejos al hijo descarriado. Desde ese cansancio viejo en el que parece que viajaba su voz de poeta nos emocionaba hasta el temblor de piel.

Hacia los poemas sencillos, con palabras sencillas, cotidianas, tomadas, muy seguramente del entorno diario que le rodeaba.

Le bautizaron con un nombre tan largo, -manías de los italianos-, que no parece un nombre sino un directorio en un intento de ensayo: Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia, pero terminó llamándose como el mundo lo nombra: Mario Benedetti y con ese nombre rayó cancha en el mundo de las letras y en el corazón de los enamorados de la vida, de la justicia y del amor, y se ganó para siempre, el aprecio de quienes alguna vez nos acercamos a sus textos.

Fue el poeta del exilio. Desde 1973, hasta 1983, vaga de país en país, Buenos Aires, Perú, España, Cuba, pero de toda esa trashumancia quedo su obra como testimonio en tinta de su paso por el mundo.

A muchos seres humanos en este planeta nos dolió su partida, sentimos la noticia como una bofetada a mansalva que nos avienta casi siempre la vida.

Hoy antes de escribir esta nota, me llevé a Benedetti en esos modernos cajoncitos donde caben tantas cosas y que se llama USB, me llevé cuatro o cinco poemas para compartir con un amoroso del que me he hecho amigo y que tiene por oficio detener el tiempo en hermosas imágenes fotográficas y nos gozamos su voz y su recuerdo. Nos rescató del naufragio de la tristeza cuando desde su palabra añosa nos repetía, por ya no se cuantas veces: “nosotros cuando amamos, es fácil de arreglar. Con sábanas ¡que bueno!..sin sábanas da igual…”

O cuando volvimos a escucharle: “estoy jodido y radiante. Quizá más lo primero que lo segundo y también viceversa”.

Se nos fue Benedetti…¡que tristeza!

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