El periodismo: una profesión odiada


Por Manuel Tiberio Bermúdez

El pasado 9 de febrero quienes ejercemos el oficio de periodistas, celebramos el poder realizar una tarea que parece odiosa para muchos, pero que es la opción que numerosos seres humanos escogimos para caminar la vida que nos toca.

Y aunque por esos nacionalismos sin razón, dizque para no rendirle un homenaje a don Manuel del Socorro Rodríguez, cubano de nacimiento, y sí hacérselo a don Antonio Nariño, quien publicó “La Bagatela” se cambio el 9 de febrero para el 4 de agosto, una fecha que nadie reconoce y que menos aún, celebra.

El ser periodista es una profesión riesgosa en Colombia. Fuera de lo anterior, hay que luchar para protegerse en contra de los que ejercen el poder y tienen intereses mercantiles, políticos, malevos, y por ende se convierten en censores gratuitos y peligrosos para las voces que señalan la verdad. Andamos a caballo entre la verdad que se debe decir y el pan diario o la vida que tenemos que proteger con el silencio.

El ejercicio de la profesión ha evolucionado de manera vertiginosa, no por la forma de hacerlo, sino por los medios de que hoy disponemos para contar los sucesos, para expresar nuestras ideologías, para hacer llegar un mensaje a todos los rincones. La tarea de contar, hoy mas que nunca, hace honor a lo que se planteara años atrás sobre “la aldea global” en la que se ha convertido el planeta.

Y en esta, como en todas las profesiones, en nuestra nación hay periodistas de todos los pelambres, de todas las tendencias: los hay gobiernistas, comprometidos con la sociedad, los hay indiferentes, mercachifles, desinformados, incultos, los hay profesionales, estudiosos con más grados que un termómetro, y también empíricos; los hay quienes ganan mucho dinero y otros que apenas malviven, los hay buenos, y los hay malos. Para todos ellos, los que ejercen el oficio: ¡felicidades!, por ser parte de una profesión a veces odiada por algunos pero muy querida por quienes la realizamos.

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