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29 de septiembre de 2015

Ser de Buenaventura le da un color especial a lo que hago en el escenario



Por Manuel Tiberio Bermúdez

Las personas caminan por la vida llevando sus recuerdos como equipaje que siempre es compañía. Vayan donde vayan, hay olores, sabores y paisajes que son parte del viajante. Son nostalgia, pero también aliciente para las luchas en la vida, son bálsamo para esos momentos en que el alma añora y pide los regresos.

Betty Garcés es una colombiana que hoy camina el mundo exhibiendo su arte como soprano. La encontramos en la Plazoleta Jairo Varela y allí, nos concedió un espacio para el diálogo, para las remembranzas, para contarnos de su trabajo y de sus nostalgias.

“Para mí es un gran honor y un gusto estar de nuevo en Cali y recibir ese calorcito de hogar que siento en esta ciudad.

Betty, nació en Buenaventura y hoy anda en una gira internacional que la ha llevado por Viena, Londres, Argelia, Bogotá. Ahora está en Cali para un recital que dará el 1º de octubre en el Teatro Municipal, Enrique Buenaventura, acompañada del pianista caleño, Alejandro Roca. Luego seguirá a Washington para terminar en New York.

Betty hace unos 7 años que vive en Bremen, Alemania. Terminando una segunda especialización.

“Yo hice mi máster en Opera, en la ciudad de Colonia y este segundo es una especialización que se llama solo clase, es un nivel un poco más alto de un máster direccionándome como solista, en diferentes estilos como canción alemana, canción francesa, concierto”.

¿Cómo se produce ese salto de Buenaventura a Alemania?
“Son saltos inesperados. Yo me vine a estudiar a Cali, porque mis padres querían impulsarme a que conociera un poco más allá del entorno porteño. Terminé el colegio en Cali y cuando estaba terminando vi que había inscripciones para diferentes instrumentos en el Conservatorio Antonio María Valencia. Cuando yo estaba más pequeña mis padres me habían regalado una guitarra y siempre quise aprender a tocar ese instrumento. Me inscribí para aprender a tocar guitarra y también en canto. Presenté los dos exámenes y me gané el cupo para…canto”.

“Empecé a saber de este mundo del canto lírico que no conocía pues en Buenaventura nunca había escuchado Opera, pero mi profesora hizo un buen trabajo educando mi oído, mi criterio y me fui enamorando de ese bello canto”.

¿Cómo ha podido conciliar la alegría de los ritmos de la costa pacífica: el Mapalé, el Currulao, con la frialdad del canto lírico?
“Yo no lo llamaría frio, es un estilo diferente, es, digámoslo así, más reservado, pero está lleno de tanta pasión y de tanta fuerza, que yo he encontrado propósito en el hecho, que venga de donde vengo, de una tierra pujante, una región en la que la gente es todo el tiempo activa, alegre, porque todo eso se ve reflejado en la música, así también en la clase de música que hago. La gente percibe eso, aprecia esas raíces y este es un elemento muy especial en cuanto lo que hago y estoy muy agradecida de esas raíces”.

¿Le han servido para su oficio, esos primeros sonidos del mar, de la selva para involúcralos en  su estilo, en la clase de música que hace?
“Claro que sí, porque la interpretación de cualquier clase de música está totalmente arraigada con las experiencias personales que uno haya tenido en su vida. A la hora de expresar sentimientos y expresar emociones en el escenario, todo lo que uno ha vivido influye y todo se trasmite por medio del idioma de la música. Pienso que ha sido una riqueza muy grande haber vivido lo que he vivido y donde lo viví y que le da un color especial a lo que hago en el escenario.

¿Colombia, a veces es olvidadiza. Cómo la ve la crítica de nuestro país, como la muestran ante el mundo, o no la tienen en cuenta?
“Yo, la verdad, estoy muy feliz. Los últimos cuatro años he tenido la oportunidad de vivir consecutivamente y he trabajado, sobre todo, en Bogotá con el Teatro Colón; con la Opera de Colombia y para mí ha sido muy hermoso ver y sentir el recibimiento del público en cada una de las presentaciones que hemos tenido. He sentido mucho amor, mucho cariño, mucho reconocimiento del público colombiano. También en las redes. Yo espero que estas manifestaciones se sigan extendiendo, que la gente pueda seguir conociendo, en todos los rincones de Colombia, la historia de mi vida. Estoy muy agradecida con mi país porque siento que tengo un lugar aquí. Siento que la gente, realmente, aprecia y respeta lo que hago”.

¿Qué extraña de su Buenaventura a tantos kilómetros de donde hoy vive?
“Además de mi preciosa familia. Extraño la brisa que llega del mar, la lluvia calientita de las tardes, el sonido del mar, la calidez de la gente, el pasear por la calle y que todo el mundo se conozca. Pararse en una esquina a conversar con alguna persona que no se veía hace mucho tiempo, comer chontaduro con café, las tortas de mi mamá, mejor dicho, extraño muchas cosas”.

¿Nosotros , la gente del común, enamoramos con un bolero o con una balada. Con que enamora una mujer que hace música lírica?
A ver,  me dice riendo, esa pregunta nunca me la habían hecho. Pues no lo sé. Yo simplemente trato de abrir siempre mi corazón y yo estoy muy agradecida porque siento que he recibido mucho amor en mi vida. Hubo momentos muy difíciles pero trato de guardar todos los instantes de amor que he recibido y trasmitirlos a través de lo que hago. Tengo la esperanza de que la gente perciba ese amor que quiero darles por medio de lo que hago”.

¿Cómo es el público colombiano para la llamada música culta?
“Siento que Colombia está creciendo en este aspecto. El público colombiano en cuanto a la música clásica cada vez es más. Pero en parte, es un trabajo que se debe realizar por parte de las diferentes entidades encargadas de la cultura. Pienso que en esto vamos en crecimiento. Se deben abrir los espacios culturales para que cualquier persona tenga la posibilidad de conocer de este género y quien quita que un joven en base a estas expresiones pueda construir su proyecto de vida.

¿Cuál es su reflexión para los colombianos?
“Considero que el hecho de que tengamos la posibilidad de tener música en nuestro diario vivir es la oportunidad de tener con nosotros, un lenguaje de amor, un idioma muy especial a través del cual podemos expresarnos. Es un lenguaje que podemos usar también para la reconstrucción de muchos hogares, de muchos corazones que de pronto pueden estar pasando dificultades. Quiero invitarlos a que se interesen más por los movimientos culturales: música, danza, todas las artes. Motivemos a nuestros jóvenes para que comprendan que a través de las artes tienen caminos para escoger y para construir su vida en base a lo que sientan en su corazón.




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