Viajero de la palabra: palabra misma él



Por Manuel Tiberio Bermúdez
Se llama Ricardo León Peña Villa, es nacido en Medellín y desde 1990 vive en la ciudad por todos ansiada: New York. Su vida está llena de historias y el mismo es una historia que vive. En la ciudad de los rascacielos ha liderado diferentes trabajos artísticos y sociales y es protagonista del movimiento Squatters, es decir, personas que se han tomado edificios abandonados en la ciudad de Nueva York y en el corazón mismo de la Gran Manzana : Manhattan.

Fue una historia difícil en la que la naturaleza casi se confabuló con la policía para sacarlos de esos edificios que convirtieron en sus casas de habitación: “En la primavera de 1989, los ocupantes del Umbrella House, uno de los edificios símbolos de esta batalla de conquista territorial, se pertrecharon en el interior del inmueble para impedir su demolición. "Estoy dispuesto a morir por mi casa", versaba el cartel de uno de los inquilinos a través de su destartalada ventana. El edificio y sus ocupantes sobrevivieron la intentona” – dice una reseña periodística de esa lucha vivida y que hoy como resultado deja a Umbrella House, “recuperado, reconstruido con su trabajo y ahora propio”.

Ricardo León Peña Villa, llegó a Caicedonia invitado al III Encuentro Nacional e Internacional de Escritores por la Paz de Colombia y desde su arribo a la Centinela del Valle del Cauca, cautivó el corazón de los jóvenes de ese Municipio norte vallecaucano por su descomplicada alegría, por su personalidad, por sus palabras llenas de amor sincero, por su poesía que es testimonio de vida, de lucha, de reconocimiento a quienes quiere.

“Nueva York es un olvido, -dice- no hemos podido tener un líder allí que nos una. Está tan mal la comunidad colombiana allá, que hay partido liberal y conservador” dijo en un conversatorio que tituló “Pregunte lo que quiera sobre Nueva York para que no vaya”. “Nueva York es un destino muy duro, es un dolor por pagar cada vez, (y no es solamente esa, ciudad es cualquier ciudad que se escoja como exilio) y mientras uno paga los derechos de piso pasan los años y pasan muchas vidas por uno, y pasa mucho dolor. Nueva York, es una ciudad despiadada donde todos somos anónimos. Es una ciudad sin misericordia con nadie. Nueva York, es despiadado; estamos vindicados por un pasado de traqueteo, estamos señalados por ser muy ágiles para todas las trampas y yo lo he denominado en inglés “colombian thinking”.

“En Nueva York, los poemas –asegura Peña Villa- se empezaron a suceder como una necesidad ante el hambre”. Hoy el poeta que es Ricardo Peña Villa tiene publicados: “La poesía como recurso a la soledad en Nueva York”, “Tigre de Aries”, “Treintaitres” y “Decir New York: testigo propio” impreso en España por Ediciones Menchaca.

Ricardo León Peña Villa, es un viajero de la palabra; palabra misma él, soñador pero sobre todo un supervivens. Amigo de los sueños, amigo de las realidades, un hombre que busca con su palabra sembrar la ternura y que ama el hecho de vivir sobre todas las cosas.

TENGO UN TANGO

Muchas personas se intrigan de ver en la carátula de su libro “Decir New York: testigo propio”, la foto de un perro, sentado sobre una silla y posando como “un humano” para el fotógrafo David Troncoso. Interrogado sobre la razón de esta insólita portada el poeta Peña Villa cuenta: “Hace algún tiempo llego a mi apartamento en Nueva York un amigo Uruguayo con un perro hermoso más el argumento: “¿Te acordas que en una conversación me dijiste que un perro sería una excelente compañía para la soledad?...Mira, vos vivís solo…y me señaló el animal. Un perro –pensé- éste es el que me va a obligar a salir a buscar plata para la comida de él y a sacarlo a pasear. Me agaché, le tomé el hocico y le dije: -¿Usted quiere vivir conmigo? Su respuesta fue que me pasó la lengua de lado a lado de la cara. Le pregunte a mi amigo: ¿Bueno hermano y éste qué personaje es? Me extendió los certificados médicos, las vacunas y… se llamaba…Pig, que quiere decir marranito”.

“Le di la bienvenida al perro, entramos a la casa y le dije: Bueno hermano, los únicos animales que vamos a vivir en esta casa somos usted y yo. Usted se encarga de que no haya ratones ni cucarachas y yo me encargo de usted. El perro fue y dio una vuelta por el apartamento olió todo me miro y con su mirada me dijo: efectivamente aquí vamos a vivir los dos”.

“Le advertí de las amantes ocasionales, de mis amigos trasnochadores, me senté y le dije sin miramientos: ¡mire hermano, usted tiene un nombre tan pendejo que no lo resisto!...al fondo estaba sonando en ese momento Aníbal Troilo y entonces le dije: bueno hermano se va a llamar Tango y desde ese momento, es un perro muy especial, ha trabajado en cuatro películas, muchos pintores lo han pintado, recibe postales de todas partes del mundo, han hecho varios especiales de televisión sobre él y como le digo a quienes lo preguntan: es un perro con poeta propio”.

UN POETA QUE SIEMBRA AMOR

No es pose para ganar lisonjas, no es actitud para recibir aplausos, es el convencimiento desde su interioridad que lo mueve a ser un hombre que siembra y comparte el amor. En Caicedonia, fue sólo a leerle poesía a los reclusos, les contó que estaba acostumbrado a la soledad de la gran ciudad, les dijo que la responsabilidad de los poetas es el amor, que la palabra del escritor es libertad y que: “ustedes son unos varones que están respondiéndole a la sociedad por sus faltas y con la esperanza de que la puerta esté pronto para ustedes y que la libertad sea”.

Luego acompañado de un grupo de niños, que por primera vez iban a una cárcel, el poeta los llevó para que leyeran sus trabajos y también para que escucharan a los presos poetas que por primera vez daban a conocer sus escritos. A una pregunta de los niños de por qué ir a la cárcel a leerle a los presos les dijo que “es para que sean hombres y mujeres de bien en la vida, que no hagan nada que los vaya a llevar a prisión” y les explicó a los reclusos que esto también es educar.

Terminado el encuentro de Escritores, Ricardo León Peña Villa suscribió con los niños un documento que denominaron “Manifiesto desde la juventud” y en el que los jóvenes y niños de Caicedonia aseguran: “Hemos aprendido que si, que hay un futuro lleno de posibilidades y renunciamos a usar las armas”.

Ricardo León Peña Villa, recuerdo y ejemplo para la juventud de Caicedonia. Sembró la semilla del amor y dejó plantada la simiente del amor por la palabra y por el otro. Dejó sus versos que cuentan su historia en Nueva York donde transcurre su vida haciendo poesía, componiendo canciones, asumiendo causas sociales y regalando el amor a manos llenas para todo aquel que un día o una noche llega a esa casa que es santuario de los intelectuales: Umbrella House.

Hay versos que definen al hombre que es Peña Villa y sus vivencias en la tierra del recuerdo que son las torres gemelas: “En el tren 7 se pueden encontrar/ los personajes más bellos/ para un film sobre la tristeza/.

Sus añoranzas también hacen presencia en los versos de sus poemas: “De América extraño a Colombia/ de Colombia extraño a Medellín/ de Medellín, mi barrio Santa Lucía/ de mi barrio extraño mi calle/ de mi calle extraño mi casa/ de mi casa extraño a mi padre y a mi madre/ pero mi padre y mi madre ya no están/ ¿entonces que extraño?/ A mi hermano Iván/.

Ricardo León Peña Villa deja constancia de su paso por la gran ciudad de los rascacielos: “Digan cuando muera/ que New York fue mío, / Dejo la razón porque mientras lo vivo lo digo, lo siento/….”Digo y digan, que hice la revolución /desde el amor, desde la acción, desde el abrazo/ desde el perro mas humano, Tango (y hablo por él)/ desde la sonrisa a solas cuando pienso en mis amigos/ y sus delirios vivos.

El poeta recuerda lo que es y su pasado que queda diluido por los logros en su la ciudad que ama y vive y en donde ha conseguido varios premios de periodismo –cuatro para ser exactos- pero no borrado totalmente: “Soy hijo de una patria/ que ni siquiera lo sabe/ y de la cual cargo su nombre/como apodo en el exilio. / soy un poeta/ y eso es lo confesable/ porque adentro/ llevo un bandido…sin retirar/.



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