Hoy, no hay nadie que no hable, y muchos otros, que no tiemblen ante la
aparición del Coronavirus, pues la cantidad de afectados en el planeta, cuando
estaba escribiendo este texto, ascendía a los 118.326 infectados y las noticias
mostraban la soledad de las calles de ciudades antes atestadas de seres
humanos.
Los decires aumentan, las especulaciones se siguen dispersando a mayor velocidad que el virus, pero aún no se sabe a ciencia cierta de dónde procede el coronavirus que hoy nombran como el Covid-19.
Se dice en las redes –que como su nombre lo dice atrapan todo lo que el
mundo escribe, fotografía o le hace video- que se trata de una arma biológica
para acabar con los más débiles de la población en especial con los ancianos y
con quienes padecen alguna enfermedad que los haga vulnerables.
Otros aseguran que el bicho surgió en algún laboratorio de los Estados
Unidos con el fin de causar caos en la economía china y de paso dar de baja a
cientos de personas para dejarle un respiro al planeta de tanto ser humano que
lo habita y lo atosiga.
Hasta al murciélago, un pobre ratón con alas, y que en China parece que es
una delicia culinaria, al comienzo le achacaron
ser el causante de la aparición del virus. Otro que casi lleva del bulto, como
posible trasmisor de la enfermedad, fue el Pangolín, una especie de armadillo
acorazado, que produce más ternura que miedo, y que en Asia ya los tienen al
borde del acabose por el consumo de su carne.
No olvidemos que hasta la serpiente, que ya carga sobre su alargado cuerpo
la culpa de que Adán y Eva fueran expulsados del Paraíso, también estuvo en el
cartel de los posible culpables del Covid-19, pero la realidad, es que hasta
hoy no se sabe a ciencia cierta de donde viene el virus.
Lo que sí sabemos es que todos estamos aculillados por la presencia de esa
cosa invisible que todos los días extiende su presencia por distintos lugares
de la tierra, postrando algunas personas, matando otras y poniendo a los países
al borde de la histeria.
Hasta el ritual apretón de manos, con siglos de tradición como señal de
cortesía y amistad ha sido proscrito de las reducidas actividades sociales que
en estos días quedan. Ni hablemos del beso símbolo de saludo y afecto que de un
momento a otro nadie quiere darlo y mucho menos recibirlo. ¿Cómo estarán de
tristes los franceses que no solo le chantan a uno un beso sino dos y hasta
tres si el entusiasmo es mucho y los rusos que se besan en la boca….
No sabemos qué va a pasar con el Covid -19 pero lo que si nos hemos dado
cuenta es que ha servido para que el miedo nos ponga a reflexionar sobre la
fragilidad de nosotros, los orgullosos simios erguidos; tan frágiles, tan
arrogantes, e insolidarios cuando nada
nos amenaza…