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21 de mayo de 2016

El Amor es, Con…trabajo.

Por Manuel T. Bermúdez

Son las dos y media de la tarde. Hace calor a esta hora en Siloé, un barrio de los llamados “de ladera” que hace parte de la Comuna 20. Este barrio caleño, se aferra a las faldas de la cordillera occidental en  la parte montañosa de la Capital del Valle, y aunque estigmatizado por su pasado, hoy, Siloé se abre paso para mostrar  a la ciudad, desde su altura, los caminos de progreso que se ha venido trazando.

De allí es la protagonista de mi historia, allá vive feliz y contenta de su barrio, de su entorno, de lo que ella es, y en especial, de lo que hace.

Muy joven para tener que llevar una carga tan pesada a cuestas. Pero ella está enamorada y no le importa. Constantemente le toca echárselo al hombro para subir varias escalas hasta la terraza, en donde lo desviste, lo limpia y lo abraza con ternura para escucharle la voz que la enamora.

El, tiene una voz ronca, no muy agradable que digamos, pero ella encuentra belleza en cada sonido. El es gordo, alto, un poco más que ella, pero para la chica,  hasta hoy, -a sus casi 12 años-, él es su pasión y está dispuesta a que la relación dure por mucho tiempo más.  Ella se llama Karen Cecilia Guevara Ortega,  y su amor: El Contrabajo.


Karen es una chica alta, espigada y despierta, que pertenece a la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de Siloé. Lleva más de tres años dedicada a perfeccionarse en el aprendizaje de éste instrumento y, asegura que, “no es tan fácil de aprender como los otros instrumentos, pues es muy grande, suena muy duro y es pesado”.

La Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de Siloé surge en el año 2006 como parte del proyecto “Siloé Visible” en el que participa la Fundación Sidoc, en alianza con organizaciones de carácter comunitario como la Fundación Nueva Luz y la Asociación Centro Cultural la Red que busca que niños, niñas, adolescentes y jóvenes de los sectores de la Comuna 20 se formen musicalmente y además, por medio de la música, se motiven acciones de inclusión social que les aporte a un proyecto personal de construcción de vida, promoción de la convivencia y prevención de las distintas violencias.

Le pregunto, por qué una chica tan delicada escogió un instrumento de tanto tamaño. “Me gustó el sonido, y  por mi altura,  ah, y por la belleza también”, dice con propiedad.


Si yo le dijera, Karen, que a mí me parece que el Contrabajo suena feo,  ¿qué me dirías?
Le diría que no, que las canciones que en el toco suenan bonito y tiene un sonido muy lindo y más fuerte que todos los otros instrumentos.
No se rinde, nada de lo que le digo le hace dudar del afecto que se le nota siente por su instrumento.

¿Qué es lo que más te gusta tocar en el contrabajo?
Ríe con la risa propia de quien disfruta hablar de lo que sabe. “Me encanta tocar un tema que se llama “El bus” y la “sinfonía 40”, dice.

¿Y qué les dirías a las chicas que como tú también quieren venir a ser parte de esta orquesta?
Les diría que vengan, que este es un lugar bonito, divertido y que aquí nos hacemos muy buenos amigos para distraernos y reírnos, tocar a la misma vez y ser felices.


¿Y qué le dicen los chicos cuando la ven tocando este instrumento que es tan grande?
No, no hablan de lo grande que es sino que me dicen que suena muy bonito y me dicen, que tan bueno que  yo  sé tocar un instrumento, y ya...

¿Y, que sueña para usted hacia el futuro como concertista de Contrabajo?
“Yo quiero ser una profesora de Contrabajo, viajar por muchos países, y tocar en ciudades bien bonitas.

Le pido que toque para mí un fragmento del tema que le gusta: “El bus”.
¿Quién dijo miedo? Toma el arco y comienza su interpretación que destaca en medio de los sonidos de los violines de otros  chicos que están empezando a llegar para el ensayo y hacen sonar  sus instrumentos para el calentamiento antes de la clase.

¿Qué tiene de especial El Bus, para usted?
“Es una canción bonita y yo me divierto con las notas, y a mí me suena bonito.
¿Quiero saber dónde vive? “Por El Cortijo, me dice, allí más arriba. Y desde el lugar en el que estamos me señala un punto allá en la loma de ese que siempre ha sido el Pesebre Caleño.

“Deseo –me dice- invitar a todos los niños que quieran venir a aprender a tocar un instrumento musical pues esto le puede llenar de alegría su corazón y tener tanta felicidad como yo con su instrumento, y ya…, no tengo más palabras”,  me dice como para que no le pregunte nada más.

Estoy contento con la charla. Me despido de Karen Cecilia y me voy convencido que he hecho la primera entrevista a quien será una de las mejores concertistas de Contrabajo en el futuro.







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