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4 de junio de 2012

El hombre: el único animal que mata por placer


Charlemos

El hombre: el único animal que mata por placer

Por Manuel Tiberio Bermúdez

La crueldad de los seres humanos aún no tiene un punto de referencia que  sea el tope al  horror que es capaz de producir.

A lo largo de la historia los seres humanos han mostrado su capacidad de producir sufrimiento a otros, no importa la especie a la que pertenezcan. Desde el relato bíblico de Caín dando muerte a su hermano Abel, según muchos historiadores, con una quijada de asno, hasta el horror del desplome de la Torre Gemelas ocurridas en 2001 y que según datos alcanzó a las 2992 muertes y 24 desaparecidos.

Pasemos rápidamente por la muerte de Jesús de Nazaret en un proceso de larga agonía, y mucho después las torturas que realizó la llamada Santa Inquisición, que con pretexto de combatir la herejía cometieron las  más atroces torturas.

El dominio de los europeos sobre los indígenas americanos tampoco está exento de pasajes que producen escalofrío el leerlos y ni que hablan de los conquistados, los aborigen,  quienes practicaban el canibalismo y los sacrificios humanos para apaciguar a sus dioses.

Otro aspecto del sufrimiento que es capaz de producir el hombre a sus semejantes, es lo referido al Holocausto Nazi, una acción de exterminio selectivo en el que murieron “unos seis millones de judíos, tres millones de prisioneros de guerra soviéticos, dos millones de polacos y un largo etcétera de nacionalidades y etnias”,  según narra la historia de ese horror.

Esta introducción para referirme a un tema que tiene consternada la población colombiana debido al caso de Rosa Elvira Cely, una mujer que fue violada, y vejada de la manera más horrible y que según los galenos había sufrido lo que se conoce como empalamiento, una práctica de tortura y ejecución que era utilizada en la época medieval y que consistía en que la víctima era atravesada por una estaca. Y todo parece indicar que Rosa Elvira sufrió este tipo de tortura según se lee en la revista Semana.

Estaba tendida sobre un charco de sangre, con las extremidades inferiores desnudas y laceraciones en los brazos y en torno al cuello que sugerían un intento de estrangulamiento. En la cabeza tenía un golpe fuerte. Pero además padecía graves heridas en las zonas íntimas, donde sangraba. De inmediato se solicitó una ambulancia. El vehículo acudió y Rosa Elvira fue internada en el Hospital Santa Clara, pasadas las siete de la mañana. "Los galenos de urgencias nunca habían visto algo tan brutal y tan horrible como lo que encontramos con esta persona", explicó el subdirector del centro médico José Páramo. No era para menos. Rosa Elvira sufrió un paro cardiaco, perdió la conciencia y al ser intervenida en el quirófano le encontraron la pelvis y el útero rotos como consecuencia de un palo que le habían introducido por el ano. Dentro del cuerpo se hallaron rastros de yerba y astillas. Fueron cinco días de lucha en cuidados intensivos. Los médicos probaron, infructuosamente, distintas maniobras para controlar la infección interna que sobrevino, así como el traumatismo craneoencefálico” (Fuente: http://www.semana.com/nacion/muerte-rosa-elvira-cely-crimen-abominable/178184-3.aspx )

El empalamiento, fue usado en  la Rumania del siglo XVI, por un sanguinario rey llamado Vlad, “el empalador”,  quien destacó por la gran crueldad hacia sus enemigos. Son sus actuaciones las que dan origen a la figura literaria de Drácula.

“El empalamiento es un método de tortura y ejecución en el que  la víctima es atravesada por una estaca. La penetración puede realizarse por un costado, por el recto, la vagina o por la boca. La estaca se solía clavar en el suelo dejando a la víctima colgada para que muriera”.

Según se narra este hombre, Vlad Tepes, llegó a empalar a más de 23 mil personas en un día.

Uno entonces, no comprende cómo alguien pueda ensañarse de tal forma para producir la muerte a un semejante. Cuánta razón asiste a quienes señalan que el hombre es el único animal que mata por placer.




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