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22 de agosto de 2016

Nos desplazó la modernidad

Charlemos

Por Manuel Tiberio Bermúdez

Varios son los aparatos electrónicos que se han ido perdiendo con la llegada de un mundo que corre, se agita y por el mercado desaforado, no permite ni siquera disfrutar de lo que comparamos como  novedad tecnológica.

Un celular de última generación comprado ahora, mañana ya es obsoleto porque aparece otro que tiene un algo más diferente que el que adquirimos.

Muchos seguramente recuerdan  el Walkman, un aparato para escuchar casetes, abuelo de los modernos Ipod. Pues hace algún tiempo la Sony anunció que no volvería a fabricarlos,  luego de tres décadas en el mercado.



Para quienes ya somos añosos, era nuestro compañero en el que cargábamos la música favorita que teníamos en los casetes.

Claro que un chico de hoy, no tiene ni idea de lo que era el aparatejo ese, ni se imagina que es el hermano mayor de esos que ellos hoy mantienen en sus oídos y que algunos creen que nacieron con él y que hoy es el Ipod que poco a poco aha reemplazado el el teléfono inteligente en el que cargan, música, fotos, videos y no sé qué más.

El  Walkman fue lanzado al mercado en 1979 y pocos podían acceder a él por su precio elevado. Uno podía llevar la música a cualquier lado en ese pequeño (para el momento) aparato con la misma calidad del inmenso equipo de sonido que tenía en casa. Los muchachos de hoy le meten a su celular hasta más de 2000 canciones en MP3, mientras nosotros teníamos que cargar varios casetes que máximo contenían una hora de música.

¡Ah!, la modernidad va dejando de lado esos, para nosotros, maravillosos inventos con los que crecimos y que hicieron furor en su momento.

Si usted le habla a un chico de un long play, ni se imagina que es eso,  pues ellos han crecido con el CD y se horrorizan cuando uno les cuenta que en ese disco de vinilo de unos 30 centímetros de diámetro tan sólo cabían por lado unas 12 canciones.



Tampoco les hablemos de las cámaras de rollo o película, con la que se podían tomar hasta 36 fotos pues ellos ahora disfrutan de las modernas cámaras digitales que, dependiendo de la tarjeta de almacenamiento, pueden hacer muchísimas  fotos tranquilamente.

Se perdieron también los álbumes, esos rectángulos de papel en los que se pegaban las fotografías y que servían para entretener a las visitas o para devolver los recuerdos a otros momentos. Ahora pocas veces se vuelven a ver las fotos que se toman en los modernos equipos de captura.

Los jóvenes de hoy no se imaginan que la televisión inicialmente fue en blanco y negro y que eran unos armatostes que para moverlos había que pedirle ayuda al vecindario. Para que la señal fuera apenas decente, había que tener una antena que competía en altura con las torres de las iglesias, y que orientarlas para “agarrar” la señal, era toda una odisea.

Ellos, los que apenas nacieron hace unos 12 años tienen televisores de plasma y otras sofisticaciones que les muestran imágenes llegadas vía  satélite o por cable, y que se ven tan nítidas, que parece que estuvieran en la sala de la casa.

Hay otros aparatos que se han ido perdiendo con la modernidad…las máquinas de escribir, el teléfono de disco, las planchas de gasolina, las neveras de petróleo y no sigo enumerando más porque me da como lloradera.


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